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Mujeres y niñas con discapacidades

  • Las niñas y las mujeres con discapacidades se enfrentan, tanto en general como en particular, a un mayor riesgo de abusos en tiempos de conflicto, durante los cuales se puede incrementar el peligro de violencia física y sexual. El propio conflicto puede incrementar el número de mujeres discapacitadas a causa de minas terrestres, heridas de bala, incendios, ataques y mutilaciones por fuerzas armadas y falta de vacunación contra enfermedades. El conflicto también puede erosionar las estructuras tradicionales de las comunidades, de modo que las redes de apoyo de las que las mujeres y niñas discapacitadas habían dependido antes del conflicto a menudo dejan de existir durante el conflicto y en fases posteriores al mismo (Human Rights Watch, 2010,). De acuerdo con un estudio de Human Rights Watch en el norte de Uganda, más de un tercio de las mujeres entrevistadas con discapacidades habían sufrido violencia sexual o de género (Human Rights Watch, 2012).
  • La Organización Mundial de la Salud estima que cualquier población está compuesta por personas discapacitadas en un 15 por ciento, con unas proporciones potencialmente mayores en comunidades desplazadas a causa de la guerra o de desastres naturales. De acuerdo con este dato, nada menos que 6,5 millones de los 43,51 millones de personas desplazadas por conflictos presentan discapacidades. Las personas con discapacidades se encuentran entre las más ocultas y abandonadas entre las personas desplazadas, y son excluidas o incapaces de acceder a la mayoría de programas de ayuda a causa de las barreras físicas y sociales o por los prejuicios y las actitudes negativas. A menudo no son identificadas cuando los organismos y organizaciones de ayuda reúnen datos y evalúan las necesidades durante un desastre natural y en fases posteriores. Tienen más probabilidad de que se las olvide a la hora de proporcionar servicios sanitarios y de apoyo. Los refugiados con discapacidades suelen encontrarse más aislados después del desplazamiento que cuando estaban en sus comunidades de origen. Para más información, véase el trabajo de la Comisión de Mujeres Refugiadas sobre esta cuestión.

Para consultar estudios de investigación, materiales especiales, una hoja descriptiva y más recursos dedicados a esta cuestión, véase la base de datos de recursos de la Comisión de Mujeres Refugiadas (Women's Refugee Commission) sobre la actuación frente a las discapacidades en el ámbito de los refugiados.

  • A continuación se muestran ejemplos de la mayor vulnerabilidad a la que se enfrentan las mujeres y las niñas con discapacidades (Human Rights Watch, 2010; y Human Rights Watch, 2012).
    • Movilidad reducida. Una movilidad reducida puede incapacitar a una persona para huir de situaciones de peligro, así como para acceder físicamente a servicios básicos, como alimentos, atención médica y cobijo, que las personas sin discapacidad pueden conseguir con mayor facilidad. Es posible que las mujeres discapacitadas no puedan acceder al agua de pozos lejanos. Se pueden ver obligadas a permanecer en campamentos de personas internamente desplazadas porque no pueden viajar de regreso a sus casas y no tienen a nadie que las ayude.
    • La estigmatización y la discriminación por parte de sus familias, comunidades y prestadores de servicios. Es posible que las mujeres y las niñas con discapacidades sean consideradas por sus familias y comunidades como poco más que cargas que no pueden contribuir a la comunidad y, por consiguiente, que estén expuestas a un mayor riesgo de abusos verbales y físicos en el seno de su familia. Puede que se les niegue el acceso a servicios básicos, que sean aisladas de sus comunidades o abandonadas por ellas y que corran un mayor riesgo ante los peligros al carecer de la protección familiar o comunitaria. Las mujeres y las niñas con discapacidades pueden correr un mayor riesgo de violencia sexual y violación, y en ocasiones aquellas que tienen hijos procedentes de una violación deben cuidar de estos niños en solitario, con escasa ayuda de sus familias o comunidades.
    • Acceso desigual a la información. Con frecuencia, las mujeres y las niñas con discapacidades auditivas o visuales, que no pueden desplazarse hasta las reuniones comunitarias o a las que se ha negado el acceso a la educación a causa de su discapacidad y/o la pobreza causada por su discapacidad resultan excluidas de la divulgación de información importante. Cabe la posibilidad de que ni las campañas de concienciación sobre la violencia contra las mujeres y las niñas ni los servicios disponibles lleguen a las mujeres con discapacidades, a pesar de su mayor nivel de riesgo. Ello se ve agravado por la falta de sensibilidad de los prestadores de servicios ante las discapacidades o por su falta de capacidad para darles respuesta.
    • Incapacidad para participar en sus comunidades y para ganarse la vida. Los problemas de acceso físico, como la falta de dispositivos de movilidad y rampas de acceso, no permiten a las mujeres con discapacidades participar en actividades comunitarias ni en trabajos de entidad. Algunas son estigmatizadas como menos inteligentes o incapaces de trabajar, y se les niega el acceso a grupos económicos y a otras oportunidades de desarrollar medios de vida para poder ganarse un sustento.
    • Denegación de acceso a la justicia. Las mujeres y las niñas con discapacidades que han sobrevivido a la violencia a menudo son incapaces de recurrir al sistema de justicia, tanto por las barreras a la comunicación y la movilidad como por la estigmatización. Las mujeres que han sufrido agresiones sexuales se enfrentan a la amenaza del doble estigma de la violación y la discapacidad, y muchas deciden no denunciar los delitos que sufren. Además, en casos de discapacidad mental o cognitiva existe un fuerte prejuicio contra su credibilidad en los procesos judiciales.
    • Denegación de acceso a propiedades, tierra y ganado. Las mujeres y las niñas con discapacidades tienen una mayor probabilidad de que otros miembros de su comunidad les nieguen recursos básicos o se aprovechen de ellas al considerar que no se pueden defender.
    • Falta de acceso a la atención sanitaria. A menudo, las mujeres con discapacidades que no pueden acceder a medios de vida no pueden permitirse sufragar caras facturas hospitalarias. Tanto durante como después de los conflictos, los hospitales que atienden las necesidades de personas con discapacidades pueden resultar insuficientes o carecer de financiación para mantener los procedimientos médicos necesarios. Además, las mujeres y las niñas discapacitadas que han sufrido abusos sexuales tienen un riesgo muy elevado de infección por VIH.

Para más información sobre las interrelaciones entre la discapacidad y el VIH/SIDA, véase Tataryn, M., 2008, Emerging from War, Finding a Voice: Intersections of Disability and HIV/AIDS in Conflict and Post-Conflict Settings. AIDS-Free World.  Disponible en inglés.

Para un informe sobre la violencia sexual que afecta a los niños con discapacidades, véase Handicap International y Save the Children, 2011, Out From the Shadows: Sexual Violence against Children with Disabilities, Londres, Save the Children. Disponible en inglés.

Para información adicional sobre la violencia y la discriminación que sufren las mujeres con discapacidades, véase Costa, S., 2011, "Invisible and Overlooked: Refugees with Disabilities". Huffington Post; Disponible en inglés; y Dawn Ontario. Family Violence Against Women with Disabilities. DisAbled Women’s Network Ontario.  Disponible en inglés.