ESCAPE RAPIDO DE SITIO

Mantener los mecanismos de coordinación

  • La violencia contra las mujeres y las niñas es un problema que no acaba cuando termina la fase de emergencia; es más, en algunos casos el paso de la fase de emergencia a las de recuperación y desarrollo puede ir acompañado de incrementos en los índices de determinados tipos de violencia de género, especialmente cuando se interrumpe la programación de emergencia dirigida a los más vulnerables. En contextos en que las mujeres y las niñas han perdido mecanismos de protección básicos (como su familia, sus medios de vida, etc.) a causa de una situación de emergencia, es probable que se incremente su vulnerabilidad cuando ya no puedan acceder a los beneficios de la ayuda humanitaria y deban luchar por reintegrarse en sus comunidades. Por consiguiente, es crucial que la labor contra la violencia de género —desarrollar programas, mejorar sistemas, cambiar las políticas, hacer promoción, etc.— siga recibiendo las aportaciones de los actores multisectoriales y que esté bien coordinada más allá de la fase de emergencia.
  • Por lo tanto, una de las cuestiones más cruciales que debe tomar en consideración un mecanismo de coordinación, especialmente una vez superada la respuesta de emergencia, es cómo garantizar que los mecanismos de coordinación en materia de violencia de género sigan funcionando una vez desactivado el sistema del grupo temático (u otras estructuras humanitarias). Al reflexionar sobre cómo garantizar la sostenibilidad de los mecanismos de coordinación sobre la violencia de género, es importante tomar en consideración: 
    • Su capacidad: Idealmente, un mecanismo permanente de coordinación nacional en materia de violencia contra las mujeres y las niñas debería estar liderado por el gobierno para garantizar que este tema se incorpore a las estructuras nacionales. Cuando el liderazgo gubernamental presente problemas políticos o de seguridad habrá que identificar otros organismos locales. En cualquiera de los dos casos, es frecuente que los actores locales no cuenten con la experiencia necesaria para coordinar la programación en materia de violencia contra las mujeres y las niñas. Durante la fase de emergencia habría que elaborar estrategias para desarrollar las capacidades de los actores relevantes, por ejemplo, incluyendo un representante del gobierno en la presidencia del mecanismo de coordinación y, a ser posible, que colabore estrechamente con el coordinador para aprender al máximo sobre cómo dirigir la coordinación después de la situación de emergencia.

 

Ejemplo: En la Liberia posterior al conflicto, la coordinación sobre la violencia de género estaba dirigida por el Ministerio de Género y Desarrollo y por el equipo de gestión del Programa Conjunto sobre la Violencia de Género (que incluye tanto organismos de las Naciones Unidas como la UNMIL). Se designó a un ministro adjunto como interlocutor del asesor del Programa Conjunto, de acuerdo con una declaración de responsabilidades bien delimitada. La dirección conjunta entre las Naciones Unidas y el gobierno mejoró la supervisión, la colaboración y la transparencia y también estimuló la apropiación del proceso de coordinación por el gobierno (Ward, 2010).

  • Financiación: Garantizar los recursos financieros para las labores de coordinación posteriores a emergencias es esencial para facilitar la transición del mecanismo de coordinación hacia una estructura permanente. Dado que no se puede lograr este tipo de financiación mediante corrientes de financiación de emergencia (como los procedimientos de llamamientos unificados), el mecanismo de coordinación tendrá que buscar donantes para la recuperación y el desarrollo con el fin de diseñar una estrategia de financiación.
  • Promoción: La presión para interrumpir los mecanismos de coordinación centrados en la ayuda humanitaria se intensificarán cuando se pase de la crisis a las primeras etapas de recuperación. En esta fase, el coordinador sobre violencia de género y otros socios del mecanismo de coordinación en la materia tendrían que estar preparados para articular la necesidad de mantener las actividades de coordinación y deberían tener preparado (para su presentación ante el equipo de las Naciones Unidas en el país, el IASC, el gobierno, etc.) un plan sobre la inclusión de la cuestión de la violencia contra las mujeres y las niñas en las tareas de recuperación. El modo más eficaz de efectuar este tipo de promoción puede ser un subgrupo de coordinación dedicado específicamente a la tarea de desarrollar una plataforma de promoción relacionada con la transición del mecanismo de coordinación desde la fase de emergencia hasta la de recuperación y desarrollo.
  • Recursos y herramientas técnicos: Muchas de las herramientas desarrolladas durante una situación de emergencia se podrían y deberían usar para las labores posteriores a la emergencia. Pueden incluir currículos de formación, herramientas de evaluación, sistemas de reunión de datos, procedimientos operativos estándar, etc. No obstante, es probable que haya que adaptarlos, no solamente para que después de la emergencia se desplace el foco de atención desde la violencia sexual durante una situación de emergencia hasta cuestiones más amplias relativas a la violencia contra las mujeres y las niñas, sino también para facilitar la transición desde los trabajadores humanitarios hasta los trabajadores del desarrollo. Durante la fase de emergencia, formular estrategias sobre cómo adaptar los recursos existentes y desarrollar nuevas herramientas facilitará la eventual transición hacia la recuperación y el desarrollo.