ESCAPE RAPIDO DE SITIO

Resumen

  • Diseñar y gestionar correctamente programas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas es esencial para garantizar que los propósitos y objetivos se cumplirán del modo más seguro, ético y eficaz posible (Vann, 2004). Desde las fases tempranas es importante determinar, por una parte, las prioridades de una programación basada en una evaluación de las necesidades y recursos disponibles y, por otra parte, qué intervenciones son las más susceptibles de dar el mejor resultado. Igualmente importante es supervisar y evaluar las intervenciones para garantizar que los métodos siguen satisfaciendo las necesidades de los beneficiarios finales.
  • Al diseñar programas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas en situaciones de emergencia humanitaria, las estrategias deberían adherirse a los principios rectores básicos para hacer frente a ese tipo de violencia. El diseño de los programas también tendría que incorporar, cuando corresponda, las buenas prácticas siguientes (véanse también las prioridades estratégicas transversales en el apartado IV):
    • Poner en práctica estrategias para proteger la seguridad de las mujeres y garantizar que en todas las intervenciones se respetan, a modo de estándares mínimos, unos principios éticos básicos de confidencialidad. Reconocer que, incluso en situaciones de emergencia o de conflicto, las mujeres habrán encontrado maneras de incrementar su propia seguridad que requieren nuestro apoyo.
    • Desarrollar o volver a desarrollar los activos sociales y las redes de seguridad de las niñas y las mujeres, por ejemplo proporcionando espacios seguros dedicados exclusivamente a dicha población y que presten apoyo social y formación social, incrementen su autoestima y las ayuden a resistir la crisis.
    • Fortalecer o recuperar las redes informales comunitarias de apoyo, en particular mediante la capacitación de mujeres líderes y organizaciones de mujeres para desarrollar redes de apoyo y remisión para las mujeres que sufren violencia.
    • Desarrollar intervenciones basadas en los datos empíricos disponibles sobre prácticas prometedoras y datos sólidos basados en una multiplicidad de estrategias, en lugar de iniciativas orientadas en una sola dirección.
    • Emplear enfoques multisectoriales, de modo que se desarrollen las capacidades en varios sectores y dentro de cada uno de ellos.
    • Garantizar que los programas estén adaptados para satisfacer las necesidades de mujeres de diferentes edades, estados matrimoniales, niveles de discapacidad, clase social, raza u origen étnico, orientación sexual y otras identidades (adaptado del Departamento de Desarrollo Internacional, 2012, pp. 9-10).
    • Garantizar que las intervenciones estén regidas por los derechos humanos y el empoderamiento de las mujeres (p. ej., empoderar a las mujeres sobrevivientes para que promuevan sus derechos, proporcionen asesoramiento jurídico a mujeres que sufren violencia, utilicen los medios sociales para contar sus propias historias y liderar el cambio social como activistas de la comunidad).
    • Asociarse, en la medida de lo posible, con el conjunto de la comunidad, incluidos los niños y los hombres y los líderes tradicionales. Ello puede ayudar a desplazar la cuestión de la violencia contra las mujeres y las niñas desde el ámbito privado al público.

Próximo tema   Monitoreo y Evaluación