ESCAPE RAPIDO DE SITIO

Maltratadores/golpeadores

¿Qué son los programas para golpeadores?

Los programas para hombres que han ejercido violencia contra sus parejas tienen distintos contenidos, alcance, duración e intensidad. La mayoría de los programas concebidos y ejecutados hasta la fecha han tenido lugar en los países más ricos e industrializados, así como en algunos países de América Latina y el Caribe, mientras que cada vez van surgiendo más iniciativas en los países en desarrollo. Las evaluaciones han sido escasas y sus resultados contradictorios. Las intervenciones dirigidas a los golpeadores deben poner un cuidado especial para que la seguridad de las mujeres y sus hijos e hijas sea prioritaria, tenindo en cuenta el riesgo de que los golpeadores vuelvan con sus parejas y familias y sigan maltratándolas. Aprender de las experiencias adquiridas y de la opinión de los expertos en esta esfera es fundamental para lograr que las inquietudes éticas y relativas a los derechos humanos reciban la atención y la protección adecuadas.

El punto de partida general de los programas para maltratadores es concebir intervenciones que puedan reducir la tasa de incidencia de repetición de actos de violencia contra las mujeres (o reincidencia) por parte de los hombres que participan en ellas. En algunos países, las leyes sobre violencia en la familia disponen que el sector de la atención de la salud proporcione servicios a los autores de los actos, y los tribunales podrían obligarles a asistir a un programa para golpeadores en lugar de enviarlos a prisión. En otros países, los programas para quienes cometen actos de violencia son complementarios y no una alternativa a la pena de prisión. En algunos contextos, los jueces tal vez prefieran imponer una sanción intermedia entre la no adopción de medidas y una pena de prisión (Labriola y otros, 2005).

¿Qué enseñanzas pueden extraerse del trabajo con los autores de actos de violencia contra sus parejas?

  • Las evaluaciones de los programas para maltratadores han sido escasas, se han realizado principalmente en países de ingresos altos y su diseño ha sido deficiente y en algunas ocasiones erróneo (por ejemplo, el proceso de selección ha sido tendencioso, las tasas de participación han sido bajas, los períodos de seguimiento han sido demasiado cortos y o bien no se han utilizado grupos de control o los que se han utilizado eran poco fiables). Las conclusiones extraídas de los resultados de las evaluaciones han sido contradictorias.
  • Un metaanálisis de 40 evaluaciones de programas de los Estados Unidos publicadas concluyó que los programas apenas, o solo modestamente, lograron prevenir que se produjeran más abusos (Gondolf, 2004).
  • En general, se observan más efectos positivos entre quienes asisten hasta el final del programa. La probabilidad de que volviesen a maltratar físicamente a sus parejas resultó ser dos tercios menor entre quienes completaron los programas que entre quienes los abandonaron (Gondolf, 2002).
  • La eficacia de todo programa para golpeadores reside en gran medida en el sistema de intervención que el programa establece (es decir, en la capacidad institucional sólida y la existencia de sistemas de remisión coordinados que garanticen la seguridad de las mujeres y las familias y la supervisión de los maltratadores). Ello incluye la respuesta policial diligente, la intervención de los tribunales, la supervisión de la libertad vigilada, las órdenes de protección, los servicios para supervivientes y las normas y recursos comunitarios (Gondolf, 2004).
  • Estos programas tienen una alta tasa de abandono, en particular entre los hombres que tienen más probabilidades de reincidir, que se caracterizan por ser los que menos tienen que perder en función de su nivel educacional, estado civil, propietarios de la vivienda, empleo, ingresos y tiempo de residencia (Feder y Forde, 2000).
  • Los programas para los perpetradores de actos violentos solo se ocupan eficazmente de un subgrupo de los hombres que ejercen la violencia. Para los que presentan un alto riesgo se requieren programas intensivos (Gondolf, 2004).
  • De algunas investigaciones se desprende que con frecuencia la tarea de orientación tienen un límite de tres meses y que los programas más largos no son necesariamente más eficaces. Esto se explica parcialmente por el hecho de que los hombres dispuestos a cambiar normalmente lo hacen en ese período de tres meses, mientras que los que necesitan más tiempo suelen abandonar dentro de ese plazo (Gondolf, 2004).
  • Debería haber una repuesta judicial rápida y específica hacia los perpetradores de actos de violencia que no finalizan los programas (Gondolf, 2004).

Algunas advertencias sobre los programas para golpeadores/maltratadores de sus parejas

  • Si bien lo siguiente puede decirse también de otros programas sobre la violencia, a los programas para maltratadores se les suele exigir más que a otros programas que luchan contra la violencia porque los riesgos que se plantean son mayores. Con frecuencia las víctimas piensan que es prioritario que sus parejas reciban tratamiento y pueden preferir que se las sancione (por ejemplo, obligándolas a asistir a un programa para golpeadores) sin poner en riesgo la capacidad del maltratador de percibir ingresos (Ellsberg y otros, 2001). Los riesgos son especialmente altos porque una mujer podría decidir quedarse con un agresor sobre la base de su participación en un programa para golpeadores y sentirse más segura suponiendo que el programa será eficaz, lo cual se ve reforzado cuando el programa ha sido ordenado por un juez.
  • Algunos expertos opinan que otra razón por la cual los programas para autores de actos de violencia podrían poner en riesgo la seguridad de las mujeres es la falta de normas específicas, personal capacitado y recursos para la supervisión y el seguimiento (Velzeboer y otros, 2003), reforzando así la idea de que estos programas deben ejecutarse con cuidado y otorgar prioridad a la seguridad de la mujer.
  • Por lo tanto, si bien es importante mejorar la evaluación de los programas que luchan contra la violencia, los programas dirigidos a golpeadores en particular deberían ser objeto de una supervisión más estrecha y una evaluación cuidadosa.
  • Algunos expertos piensan que estos programas representan un problema porque los recursos complementarios que precisan podrían obtenerse a expensas de los servicios para supervivientes (Morrison y otros, 2007).

Recursos Adicionales:

Evaluating Batterer Counseling Programs: A Difficult Task Showing Some Effects and Implications (Gondolf, 2004). Disponible en Inglés.

Violência Sexual e Saúde Mental: análise dos programas de atendimento a homens autores de violência sexual: RELATÓRIO FINAL DE PESQUISA (Toneli, 2007). Disponible en Portugués.

Características comunes de los programas para golpeadores/maltratadores de sus parejas

Si bien son muy distintos entre sí, los programas para quienes cometen actos de violencia en los Estados Unidos siguen las normas estatales, entre ellas:

  • De 12 a 52 semanas de intervención estructurada en grupo durante unas dos horas por semana aproximadamente (Healey y otros, 1998);
  • Los grupos están integrados por hombres adultos. Si bien algunos grupos solo admiten a hombres que hayan reconocido haber cometido actos de violencia contra sus parejas (Rothman y otros, 2003), otros consideran que este reconocimiento de responsabilidad es el primer reto que debe abordar el grupo;
  • Las sesiones en grupo se dedican a repasar el abuso que cometieron los participantes y a aprender qué alternativas no violentas había para resolver los conflictos, a reflexionar de qué modo las normas sociales o los roles de género influyen en el comportamiento y a examinar de qué forma el consumo de drogas, el estrés y las atribuciones negativas pueden exacerbar el comportamiento violento (Rothman y otros, 2003);
  • Los facilitadores de los grupos no son necesariamente profesionales de la salud mental y muchos programas utilizan a ex víctimas y ex agresores reformados para dirigir los grupos (Departamento de Salud Pública de Massachusetts, 2002);
  • Establecer y mantener el contacto privado con la víctima del agresor con el que se trabaja es fundamental para supervisar permanentemente la rendición de cuentas del agresor (Rothman y otros, 2003).

En el Reino Unido los grupos ejecutan programas cuya duración oscila entre 20 horas durante 10 semanas y 120 horas durante 48 semanas. La National Practitioners’ Network (Red Nacional de Profesionales) recomienda programas de 75 horas a lo largo de 30 semanas y una duración mínima de 50 horas a lo largo de 6 meses (Mullender y Burton, 2000).

 

 

Características de las intervenciones con niños y hombres jóvenes que han cometido actos de violencia

Un estudio de la OMS (Rothman y otros, 2003) señaló las siguientes características de los programas para niños y hombres jóvenes que son agresores:

  • Se cree que los programas que tienen lugar en un ámbito natural o en campamentos son una estrategia eficaz para intervenir en relación con este sector de la población;
  • Con frecuencia se utilizan obras teatrales y presentaciones dramáticas en público producidas por adolescentes con fines educativos y de divulgación;
  • Algunos profesionales parecen menos partidarios de confrontar a los varones jóvenes directamente con sus abusos, a diferencia de lo que se hace en el caso de los adultos que maltratan a sus parejas;
  • Pocos de esos programas han sido evaluados.

 

Recomendaciones de programación

Las recomendaciones que se exponen a continuación constituyen una orientación de carácter general sobre los programas para golpeadores, habida cuenta de la dificultad de emitir sugerencias definitivas por la limitada base de conocimientos disponibles hasta la fecha y por el hecho de que estos programas han tenido éxito limitado (Gondolf, 2004).

 

La oferta de programas para maltratadores no debería reducir o distraer la atención de los servicios dirigidos a las supervivientes y sus hijos e hijas. Los programas para golpeadores deberían tener siempre una importancia secundaria respecto de la respuesta a las necesidades de las mujeres y los niños e niñas en cuanto a servicios de emergencia, acercamiento a las víctimas y atención cuando se producen incidentes de abuso. También sería inadecuado que los programas redujeran o distrajeran la acción de la justicia penal contra los maltratadores (Mullender y Burton, 2000).

La seguridad de las parejas y los niños debe ocupar un lugar prioritario en la planificación de los programas. Las mujeres podrían hacer depender su decisión sobre si continuar con el maltratador, o dejarlo, del hecho de que este participara en un programa. Por tanto, los programas para maltratadores no deben establecerse de un modo aislado sino que deben estar vinculados con otros servicios que atiendan a las necesidades de apoyo y seguridad de las mujeres y los niñosy las niñas. Ello incluye al sistema de justicia penal, las organizaciones de mujeres, los organismos que se ocupan del bienestar y la protección de la infancia, los servicios de atención sanitaria y los foros interinstitucionales (Mullender y Burton, 2000).

 

Los programas para golpeadores y maltratadores deberían formar parte de un sistema y no funcionar de forma aislada. Los programas para maltratadores deberían considerarse un elemento fundamental en la tarea general de prevenir la violencia. La mayor reducción de la tasa de violencia en las relaciones de pareja se producirá en las comunidades que posean la combinación más fuerte de componentes coordinados y de rendición de cuentas. El trabajo de los profesionales debería orientarse a educar y apoyar todos los componentes de una respuesta comunitaria coordinada (Bennett y Williams, 2001).

 

Debe hacerse lo posible por incrementar la base de conocimientos relativa a las estrategias eficaces para el trabajo con hombres que cometen actos de violencia en sus relaciones de pareja. Pocos de estos programas se han evaluado y se dispone de relativamente poca información sobre iniciativas que hayan obtenido resultados prometedores en su labor con hombres que cometen actos de violencia en sus relaciones de pareja, en particular en países en desarrollo. Por lo tanto, debería hacerse un esfuerzo por examinar estas iniciativas mediante evaluaciones diseñadas con rigor y por difundir esta información ampliamente.

 

Los diseños de las evaluaciones deberían ser sólidos desde un punto de vista metodológico. El diseño de las evaluaciones debería utilizar con selección de los participantes de forma aleatoria o con un grupo de control y se deberían evaluar las opiniones de las víctimas y las experiencias de cambio de comportamiento en los hombres (Rothman y otros, 2003). Otros elementos que deben tenerse en cuenta al evaluar estos programas son:

  • La información recibida del otro miembro de la pareja es la medida más válida y fiable para evaluar los proyectos porque la información suministrada por el maltratador sobre sí mismo es susceptible de caer en la negación y la minimización, y los datos oficiales tienen un alcance limitado, habida cuenta de la escasez de denuncias y las bajas tasas de enjuiciamiento;
  • La evaluación de los proyectos debería ir más allá de si la violencia se ha interrumpido y preguntarse si la superviviente se siente segura y si la actitud del maltratador hacia ella ha mejorado;
  • Las evaluaciones deben tener un período de seguimiento superior a un año; cuanto más largo, mejor (Mullender y Burton, 2000);
  • Las evaluaciones no deberían fijarse solamente en si se ha producido una nueva agresión (por ejemplo, maltrato físico), sino también en otras circunstancias, por ejemplo, en el comportamiento controlador, en las amenazas y abuso verbal y en la calidad de vida y bienestar general de la mujer (Gondolf, 2004).

 

Deberían supervisarse cuidadosamente la transparencia, la rendición de cuentas y la seguridad de las víctimas en todos los programas para maltratadores. Siempre que sea posible, los nuevos programas deberían garantizar desde el principio que se incluyera la evaluación y que preferiblemente evaluadores externos la llevaran a cabo (Mullender y Burton, 2000).

 

Todos los programas para maltratadores deben tener presente el problema de la baja tasa de finalización de los programas y adoptar medidas para ponerle remedio. Algunas de las medidas que pueden adoptarse a este respecto son:

  • Remitir a los hombres a los programas tan pronto como sea posible y penalizar activamente el incumplimiento con sanciones realistas, en particular las provenientes de la justica penal, como las órdenes de detención;
  • Poner en práctica sanciones alternativas, por ejemplo, insistir en que el hombre que esta siendo tratado vuelva a comenzar el programa o que ponga dinero y una confesión firmada a disposición de su pareja;
  • Usar estrategias específicas a fin de animar a los hombres a que participen, por ejemplo, poner en marcha grupos previos al inicio del programa, proporcionar apoyo individual por un participante consolidado y alentar la llegada temprana al lugar del programa antes del comienzo de la primera sesión (Mullender y Burton, 2000). En una evaluación a gran escala de cuatro años de duración realizada en varias localidades, se observó que los hombres a los que se remitió a los programas antes del juicio (en las dos semanas y media posteriores a su detención) y que tuvieron que presentarse en los tribunales periódicamente para confirmar su participación tuvieron un ausentismo considerablemente menor  que los que fueron remitidos después del juicio (varios meses después de haber sido detenidos), 5% y 30%, respectivamente (Gondolf, 2004).

 


Experiencia adquirida sobre el aumento de la tasa de asistencia.

Las actuaciones de la justicia penal pueden aumentar enormemente la tasa de asistencia a los programas para maltratadores. En Pittsburgh (Estados Unidos), se emitían órdenes de detención si los maltratadores no se presentaban a la entrevista de admisión en el programa o si no había pruebas de su asistencia en un período de 30 días o al finalizar el programa. La tasa de absentismo se redujo de un 36% a un 6% entre 1994 y 1997 (Mullender y Burton, 2000).

La gestión diligente de los casos de los participantes en el programa, el contacto sistemático con las víctimas y los recursos necesarios deben tener lugar tan pronto como los hombres comienzan el programa, en lugar de esperar hasta que éste finalice para verificar los resultados. La experiencia de una evaluación en gran escala, de cuatro años de duración realizada en varias localidades mostró que aproximadamente un 75% de las reincidencias se producía durante los primeros seis meses desde el momento en que los hombres iniciaban el programa (Gondolf, 2004).

 

Examine distintos entornos para ayudar a hombres que podrían correr el riesgo de cometer abusos o que ya incurrieron en ellos, (Adaptado de la Alianza para la No Violencia).

Los lugares pueden ser:

  • Instalaciones médicas;
  • Centros de visitas supervisadas;
  • Instalaciones dedicadas al bienestar de los niños y niñas;
  • Clínicas de salud mental y familia;
  • Barberías, peluquerías;
  • Lugares de trabajo;
  • Programas sobre paternidad;
  • Prisiones;
  • Tribunales;
  • Centros comunitarios;
  • Locales educativos;
  • Sedes de sindicatos;
  • Lugares sociales muy frecuentados.

 

Debe reflexionarse cuidadosamente sobre quiénes pueden ser los participantes adecuados en estos programas. Los hombres que no reconocen haber cometido actos de violencia contra otras personas, que presentan trastornos psiquiátricos o que tienen una dependencia activa del alcohol u otras sustancias, probablemente no sean candidatos adecuados para participar en programas para golpeadores, a menos que estos programas traten también estos problemas o proporcionen acceso a estas intervenciones complementarias. Además, se podría impedir la participación de otros tipos de abusadores, por ejemplo, los que se tornan violentos con los consejeros, los que han cometidos delitos sexuales, los que tienen tendencias suicidas, los hombres que parecen no temer la ley y los que perturban la labor del grupo o no asisten regularmente a las sesiones (Rothman y otros, 2003).

Al comienzo de los programas debería identificarse en particular a los hombres que presentan un alto riesgo, a fin de tratarlos y supervisarlos adecuadamente. Para una descripción general y los recursos recomendados sobre la evaluación del riesgo, vea por ejemplo (en inglés):  Inventory of Spousal Violence Risk Assessment Tools Used in Canada (Department of Justice Canada, 2009).

Experiencias adquiridas sobre los criterios utilizados para excluir a determinados hombres de programas para maltratadores. Es importante prestar atención a lo que ocurre con los hombres (y sus parejas) excluidos de los programas. Algunos datos de los Estados Unidos indican que los hombres que participan en los programas para golpeadores tienen mayores probabilidades de padecer trastornos psicológicos o de la personalidad y de consumir drogas que el resto de los hombres en general o los golpeadores que no son remitidos a esos programas, lo cual plantea la pregunta de si los programas para golpeadores no deberían abordar también estos otros problemas (Bennett y William, 2001). Siempre que sea posible, se debe tratar de poner en contacto a estos hombres con servicios especializados preparados para tratar las adicciones o los trastornos psiquiátricos.

 

Establezca vínculos con las organizaciones que prestan servicios a los supervivientes o a las víctimas de la violencia en las relaciones de pareja y con mujeres activistas. Esto incrementará la cantidad de información a disposición de los profesionales sobre las experiencias de las víctimas y podría permitir al personal recibir apoyo emocional, político e incluso económico de organismos asociados (Rothman y otros, 2003).

 

Establezca canales directos de comunicación entre las mujeres y los coordinadores de los programas para maltratadores. Este contacto es importante para establecer la veracidad de la información que proporcionan los hombres respecto de su comportamiento y para promover la seguridad de las víctimas. También debería consultarse a los asociados sobre el programa y sus efectos en el maltratador. Este contacto debería tener lugar directamente con la víctima y en privado y no por conducto del abusador, ya que esto podría ponerla en mayor riesgo de violencia.

Los coordinadores de los programas deberían:

  • Informar a la mujer cuando su pareja o ex pareja comienza un programa (esto podría no ser posible o adecuado cuando no siguen juntos);
  • Mantenerla informada acerca de la evolución de su asistencia a lo largo del programa, en particular si dejase de asistir o le expulsaran antes de terminarlo;
  • Advertirle si creen que se encuentra en peligro;
  • Comprobar periódicamente su seguridad;
  • Darle información sobre el programa para maltratadores y sobre la forma en que el hombre podría utilizarlo contra ella al reinterpretar su comportamiento;
  • Informarle acerca de la disponibilidad de otros organismos y servicios para situaciones de crisis;
  • Aumentar su conciencia acerca del grado de cambio real que cabe esperar de su pareja y asegurarse de que no se le den nunca falsas esperanzas (cuando se haya establecido una colaboración entre grupos que trabajan con agresores y grupos que trabajan con víctimas, estos últimos podrían ocuparse de ello);
  • Ofrecerle la posibilidad de ponerse en contacto confidencialmente en cualquier momento;
  • Confiar en ella;
  • Respetar la confidencialidad de lo que cuente;
  • No garantizar una confidencialidad total ni al maltratador ni a nadie cuando ello pudiera poner en  peligro a la mujer (Mullender y Burton, 2000).

Experiencias adquiridas sobre el contacto con las víctimas.

No obstante, es importante señalar que lo que antecede podría resultar difícil de lograr, habida cuenta de que las víctimas podrían cambiar de domicilio y teléfono y sus parientes podrían ser renuentes, con razón, a transmitir información a desconocidos. También es posible que la víctima y su agresor se hayan separado y que el agresor viva con otra pareja durante el transcurso del programa para golpeadores y después de terminado este (Bennett y Williams, 2001).

La capacitación adecuada del personal es fundamental para que los programas de intervención obtengan resultados positivos. Incluso los profesionales que poseen un buen nivel de información sobre la dinámica de la violencia en las relaciones de pareja y sobre sus recursos locales deben capacitarse para llevar a cabo intervenciones en grupo o individuales de cambio de comportamiento con golpeadores (Rothman y otros, 2003). Los programas de capacitación básica deben incluir información basada en datos empíricos sobre:

  • Los factores de riesgo asociados a la violencia en las relaciones de pareja (en particular los relativos a los roles de género y la igualdad de género);
  • Los efectos sobre los niños y niñas de la violencia en la relación de pareja;
  • Los recursos locales (servicios de asistencia jurídica, refugios, asesoramiento para mujeres y niños y niñas, atención médica);
  • Las cuestiones jurídicas relativas a la violencia en la relación de pareja;
  • La respuesta prevista de la policía cuando se produce una situación de violencia en la relación de pareja.

El trabajo con grupos de hombres que cometen actos de violencia en sus relaciones de pareja exige competencias específicas. Incluso los profesionales que poseen experiencia en la esfera de la violencia en las relaciones de pareja podrían necesitar capacitación sobre cómo trabajar en sesiones en grupo o individuales con este tipo de personas. Las competencias que deben poseer son, entre otras:

  • Técnicas para mejorar la participación en las sesiones en grupo y que los abusadores rindan cuentas de sus actos sin que se sientan enajenados ni humillados;
  • Habilidad para reconocer las experiencias de opresión sufridas por el propio abusador sin caer en la complicidad con él;
  • Capacidad para evitar proyectar las emociones propias en los abusadores o las víctimas (Rothman y otros, 2003).

 

Los programas para maltratadores deben reconocer la diversidad de tipos de hombre que asiste a las sesiones de grupo.

 Deben adoptarse medidas para trabajar con los siguientes grupos:

  • Hombres de zonas rurales aisladas;
  • Hombres a los que no se ha permitido participar en algún programa por razones de salud mental o consumo de drogas o por tener algún problema de aprendizaje;
  • Hombres en prisión;
  • Hombres con capacidad lingüística insuficiente para participar plenamente;
  • Grupos de minorías étnicas;
  • Gays (Mullender y Burton, 2000).

Ofrezca apoyo emocional y supervisión especializada a los profesionales que trabajan con maltratadores. La capacitación debería incluir información que ayude a los consejeros a prepararse para el contenido concreto y difícil de su trabajo (Rothman y otros, 2003). Además, las organizaciones deberían esforzarse por ofrecer apoyo emocional y supervisión adecuada a su personal.

 

Crear oportunidades para intercambiar información entre los que trabajan en esta esfera. De una encuesta realizada a profesionales que trabajan en programas dirigidos a hombres que cometen actos de violencia contra su pareja se desprende que los consejeros en esta esfera experimentan una escasez relativa de datos objetivos en que fundamentar su trabajo (Rothman y otros, 2003). Además, con frecuencia los programas en los países en desarrollo importan modelos de los Estados Unidos, Canadá u otros países desarrollados que podrían no ser adecuados para sus destinatarios y contexto. Por lo tanto, los profesionales que buscan orientación, asesoramiento y material deberían dirigirse a quienes tienen experiencia en contextos similares cuando ello sea posible, o adaptar los materiales al contexto social y cultural específico en el que trabajan.

Los programas que trabajan con inmigrantes, refugiados y grupos de población culturalmente diversos deben recabar orientación práctica y material de colegas que viven en los países de origen de los destinatarios. Con esta finalidad, debe propiciarse el intercambio de información a nivel internacional y esta debe ser accesible para los países de ingresos bajos y medios (Rothman y otros, 2003).

La orientación que tiene en cuenta la cultura del destinatario, aunque su eficacia no ha sido evaluada, ha  demostrado lograr un incremento en la tasa de finalización de los programas (Gondolf, 2004).

 

Los programas que trabajan con hombres que han cometido actos de violencia deberían proporcionar información sobre salud sexual y reproductiva. La relación entre la violencia contra la mujer y los resultados en materia de salud sexual y reproductiva (entre otros, el uso restringido de anticonceptivos, el VIH y la práctica de abortos en condiciones de riesgo) ha quedado claramente establecida. Los programas que trabajan con hombres que cometen actos de violencia contra su pareja deberían aprovechar la oportunidad para ocuparse de estas cuestiones con el objetivo de alentar a sus destinatarios a que respeten el derecho de sus parejas de adoptar sus propias decisiones en relación con la salud (Rothman y otros, 2003).

 

La orientación y mediación para parejas son prácticas controvertidas que podrían situar a la víctima en una posición de mayor riesgo de abuso. El hecho de que muchos consejeros no distingan entre la víctima y el agresor en las orientación de pareja y que consideran a ambos igualmente responsables de la violencia, es una práctica que produce gran inquietud (Rothman y otros, 2003). En la orientación de pareja, la víctima podría ser incapaz de expresarse por miedo a las represalias y verse expuesta a abusos posteriores si el agresor siente que el consejero se ha puesto del lado de la mujer. Por lo tanto, aunque es preciso realizar una nueva evaluación para contar con pruebas de los peligros o ventajas de la orientación de pareja, se trata de una práctica que debe vigilarse estrechamente. (Para una reflexión interesante sobre esta cuestión, vea M. Bograd y F. Mederos: “Battering and couples therapy: universal screening and selection of treatment modality”, Journal of Marital Family Therapy (junio de 1999); 25/3, págs. 291 a 312, disponible en inglés.

 

Ciertas técnicas de intervención pueden ser inadecuadas para modificar el comportamiento de los maltratadores y golpeadores, en particular las que:

  • Se centran exclusivamente en el control de la agresividad;
  • Utilizan la orientación de pareja y de familia;
  • Utilizan técnicas alternativas de resolución de conflictos;
  • Ponen en peligro a las víctimas al revelar información confidencial o ponen a las víctimas en contacto con su golpeador;
  • Refuerzan la negación de responsabilidad del golpeador sobre su comportamiento abusivo;
  • Culpan a la víctima del comportamiento abusivo del golpeador;
  • De algún otro modo hacen que el golpeador se sienta con derecho a abusar de la víctima o a controlarla;
  • Señalan que la causa principal del maltrato es una psicopatología, una deficiencia del control de los propios impulsos, una adicción, experiencias sufridas en la niñez o falta de conocimientos.

*Michigan Domestic Violence Prevention and Treatment Board

 ¿Qué tipos de intervención y tratamiento hay para maltratadores?

Generalmente se cree que el modelo más adecuado para trabajar con maltratadores es un modelo cognitivo-conductual combinado con el análisis de género (Mullender y Burton, 2000). Si bien este modelo se encuentra muy extendido en la práctica, con frecuencia también se utilizan otros. No obstante, muchos programas combinan enfoques diferentes, de modo que las categorías que se mencionan a continuación no son necesariamente excluyentes y pueden aplicarse en distintas combinaciones.

Intervención cognitivo-conductual. Los enfoques cognitivo-conductuales o psico-educacionales son los más destacados. Consideran que la violencia es un comportamiento aprendido que puede desaprenderse, en lugar de considerarla consecuencia de una patología individual, el estrés, el abuso del alcohol o una relación “disfuncional”. Se proponen promover el respeto mutuo y exigen que los hombres acepten su responsabilidad por las acciones cometidas en el pasado y por las decisiones que adoptarán en el futuro. Requieren que asistan regularmente a las reuniones del grupo y precisan facilitadores capacitados que puedan cuestionar la negación y la minimización, y canalizar la dinámica del grupo para que los miembros sigan el ejemplo (Mullender y Burton, 2000). Este tipo de intervención también ha demostrado ser la más adecuada para la mayoría de los maltratadores que no dan muestras de tener trastornos psicológicos o de la personalidad, y menos costosa que otras (Gondolf, 2004).

El análisis de género. El análisis de género se considera un componente importante del trabajo con autores de violencia contra la pareja. Cuestiona el sistema de creencias que convence a los maltratadores varones de que tienen derecho a controlar a las mujeres en sus relaciones de pareja. Si no se cuestionase este sistema de creencias los hombres se limitarían a sustituir la violencia física por la emocional, y las mujeres y los niños y niñas seguirían viviendo con miedo (Mullender y Burton, 2000).

 

El modelo Duluth. El modelo Duluth es un enfoque muy utilizado que incluye un componente relativo al trabajo con los autores de actos de violencia. Desarrollado por primera vez en Duluth, Minnesota (Estados Unidos), se ha repetido en muchos otros lugares. La teoría del modelo Duluth se basa en que los agresores desean controlar a sus parejas y que cambiar esta dinámica es fundamental para cambiar su comportamiento. Su programa educativo utiliza un “círculo de poder y control” en el que se representan las tácticas que los abusadores utilizan para controlar a sus parejas. Las cuestiones relativas a la forma de contrarrestar estas tácticas son objeto de reflexión en las clases y sesiones en grupo en que se trata de inducir a los golpeadores a que analicen sus actitudes y comportamiento (National Institute of Justice, 2003). Vea el sitio web.

Pueden consultarse The Power and Control Wheel y The Equality Wheel en inglés y en español y el círculo de poder y control en inglés y en español.

 

Actividad en grupo. Otro modelo, el de la actividad en grupo, parte de la convicción de que el maltrato tiene muchas causas y de que el mejor modo de abordarlo es mediante un enfoque ecléctico que incluya una evaluación de las necesidades individuales. Los que proponen estos programas creen que es necesario un enfoque de más largo plazo que el modelo Duluth (National Institute of Justice, 2003).

 

Programas basados en la tipología del agresor. Los programas basados en la tipología o el perfil del agresor están ganando adeptos. Estas intervenciones trazan un perfil del golpeador mediante una evaluación psicológica y lo clasifican según el nivel de riesgo que presenta, el consumo de drogas y otros factores que pueden influir en el tipo de intervención que sería beneficiosa en su caso. Los programas basados en este enfoque todavía son relativamente nuevos y no se los ha evaluado cabalmente (National Institute of Justice, 2003).

Terapia de pareja. La terapia de pareja es un tipo de intervención controvertido, que considera que hombres y mujeres son responsables en la misma medida de los problemas en la relación. Se le critica mucho que atribuya a la víctima una parte de la culpa de que continúe la violencia (National Institute of Justice, 2003).

 Determinación de iniciativas prometedoras 

 La falta de evaluaciones bien fundamentadas de los programas para maltratadores hace que no sea fácil encontrar iniciativas prometedoras. No obstante, pueden resultar útiles dos estudios de programas en marcha:

1) Intervening with Perpetrators of Intimate Partner Violence: A Global Perspective (Intervenciones con autores de violencia de pareja: Una perspectiva global), elaborado por Rothman y otros para la OMS en 2003. Disponible en inglés.

2) Violencia sexual y salud mental: Análisis de programas para autores de violencia sexual, Maria Juracy Filgueiras,Toneli, 2007. Disponible en portugués.

Entre los programas más conocidos en los Estados Unidos se encuentran:

 

El Trabajo con los Perpetradores de la Violencia Doméstica en Europa elaboró un cuestionario para evaluar el programa para hombres que ejercen la violencia doméstica en Europa, que abarcaba cuestiones relativas a la contratación de personal; la financiación; las actividades de cooperación, acogida y derivación de participantes; el contenido del trabajo; el contacto entre los miembros de la pareja, los procedimientos de apoyo y seguridad de las víctimas; y los procesos de control de calidad, documentación y evaluación. Las conclusiones y el cuestionario se encuentran disponibles en alemán, búlgaro, checo, eslovaco, esloveno, español, estonio, francés, griego, húngaro, inglés, italiano, letón, lituano, polaco, portugués y rumano en el sitio web.

 

 

Recursos que pueden utilizarse en los programas para maltratadores:

Directrices para elaborar normas dirigidas a los programas que trabajan con hombres perpetradores de la violencia doméstica (Programa Daphne II, Comisión Europea). Estas directrices fueron recopiladas por el consorcio del proyecto Daphne II con el título Work with Perpetrators of Domestic Violence in Europe (WWP) y fue reelaborado durante un taller de expertos internacionales celebrado en Berlín en 2008. Están destinadas a los programas para hombres maltratadores que ejercen la violencia contra sus parejas, los niños y niñas que viven con la pareja. Las directrices están disponibles en alemán, búlgaro, checo, eslovaco, esloveno, español, estonio, francés, griego, húngaro, inglés, italiano, letón, lituano, polaco, portugués y rumano. Para ejemplos de varias normas estatales en los Estados Unidos, puede consultar el sitio web.

El criterio de acreditación de Respect (Respect, Ministerio del Interior y Fundación Lankelly Chase, Reino Unido)

El criterio de acreditación de Respect se elaboró para garantizar la prestación de servicios de calidad en todas las organizaciones que ofrecen programas de prevención de la violencia doméstica y trabajan con varones que ejercen violencia doméstica, y en los servicios de apoyo integrado para las parejas y ex parejas de estos maltratadores. El documento detalla todos los requisitos de gestión y funcionamiento de estos servicios y señala cómo cumplirlos. Está disponible en inglés.

Grupo de trabajo AQUILA (Estados Unidos)

El grupo de trabajo AQUILA se dedica a proporcionar información empírica fidedigna sobre los programas de intervención con golpeadores y sus efectos en ese tipo de hombres. Pueden consultarse varios recursos y publicaciones en el sitio web. Romper el círculo vicioso, Paternidad después de la violencia: Directrices para un programa de estudios y recursos para programas de intervención para golpeadores (Fondo para la Prevención de la Violencia Familiar, Estados Unidos) ofrece información, ejercicios y otros contenidos de apoyo a los programas para golpeadores. Las directrices se pusieron a prueba en la Simmons School of Social Work y contienen:

  • Fundamentos para trabajar con hombres en cuestiones relativas a la paternidad;
  • Antecedentes sobre las cuestiones culturales y relativas a la paternidad que influyen en este tipo de trabajo;
  • Actividades de capacitación del personal;
  • Conclusiones extraídas de las evaluaciones de pruebas piloto ;
  • Ejercicios sobre empatía, modelos de conducta y el proceso reparador, que se probaron en tres programas de intervención con golpeadores en los Estados Unidos;
  • Materiales en español e inglés;
  • Un CD con la historia de un hombre que presenció y cometió abusos.

Está disponible en el sitio web.

La paternidad después de la violencia: el trabajo con padres abusivos en visitas supervisadas (Fondo para la Prevención de la Violencia Familiar, Estados Unidos). Esta guía tiene como objetivo prestar asistencia a los beneficiarios del programa Refugios seguros: Programa de subvenciones para visitas supervisadas e intercambios seguros (Programa de visitas supervisadas) que procura mejorar la seguridad y el bienestar de las mujeres y los niños trabajando más específicamente con padres abusivos que utilizan estos centros para reunirse con sus hijos. Este documento se concibió en particular para los padres que se han comportado de forma violenta con sus parejas. La guía se basa en dos premisas fundamentales: los hombres que utilizan la violencia deben rendir cuentas de su comportamiento y al mismo tiempo debe alentárseles a cambiarlo; y las mujeres, los niños y las niñas pueden beneficiarse de  ello. Para más información, consulte el sitio web.

Criterios para dar de alta en programas para golpeadores (Edward W. Gondolf, Estados Unidos). La evaluación clínica suele desempeñar un papel importante para dar de alta a pacientes en tratamientos por alcoholismo y problemas de salud mental. Los programas para golpeadores se basan casi exclusivamente en la asistencia a los programas para decidir el alta. Este trabajo utiliza un conjunto de 10 criterios para calificar a los participantes de un programa para golpeadores de 13 semanas de duración ordenado por un tribunal. El trabajo concluye con un análisis de las limitaciones metodológicas, algunas cuestiones de orden práctico y aplicaciones alternativas de los criterios para el alta. Está disponible en inglés.

Violencia doméstica y libertad vigilada (Fernando Mederos, Denise Gamache y Ellen Pence, Estados Unidos. Ese artículo ofrece técnicas especializadas de gestión que los agentes que se ocupan de las personas en libertad vigilada pueden utilizar para supervisar a los golpeadores y actuar en los casos de violencia doméstica con mejores resultados. Los autores presentan ideas acerca de cómo manejar a las personas que se encuentran en libertad vigilada, responder a las excusas más comunes y tratar a los que no han asumido su responsabilidad. Algunos de los recursos disponibles son:

  • Un cuestionario para las víctimas de violencia doméstica;
  • Una lista de referencia sobre peligrosidad y poder letal;
  • Una matriz sobre la gravedad de la violencia.

Está disponible en el sitio web.

Directrices para programas dirigidos a hombre golpeadores (People Who Work With People Who Batter, Estados Unidos). Estas directrices sirven de guía para los programas nuevos y en curso a fin de preparar y prestar servicios a hombres que mantienen relaciones heterosexuales de pareja y se han comportado de manera abusiva con su compañera o cónyuge. Está disponible en inglés.

De hombre a hombre: Una guía para hombres que mantienen relaciones abusivas (Edward W. Gondolf y David Russell, Estados Unidos. Se trata de un libro de 50 páginas, fácil de leer, que contiene historias personales y algunos ejercicios básicos con el objeto de que los hombres comiencen a trabajar para cambiar y para reforzar la orientación sobre la violencia doméstica. El libro se compone de cinco capítulos breves: Encarar los hechos; ¡Pero si yo no abuso de nadie!; ¡No es mi culpa!; ¿Qué puedo hacer respecto del abuso?; y ¿Cómo puedo cambiar? Está disponible en inglés.

Shedding abuse (Poner fin al abuso) (Global). Ese manual, elaborado por networklearning, orienta la preparación de talleres para golpeadores. Presenta el proceso para el establecimiento de talleres, la selección de los facilitadores o instructores y la organización de las sesiones en grupo, además del suministro de recursos y ejercicios para que los use el grupo. Está disponible en inglés.

Normas para los programas de intervención para golpeadores (Indiana Coalition Against Domestic Violence, Estados Unidos).Este sitio web está dedicado a ayudar a quienes buscan información, orientación u otros recursos que tienen por objeto influir en las vidas de los golpeadores. Entre otros, contiene normas éticas para facilitadores de grupos de maltratadores, material didáctico y de capacitación, normas para la prestación de servicios. Vea le sitio web.

Violencia contra la mujer: síntesis de la investigación sobre las intervenciones con maltratadores (Daniel G. Saunders y Richard M. Hamill, Estados Unidos). Ese informe proporciona una reseña de la investigación más reciente sobre intervenciones con hombres que atacan a mujeres: esposas, novias o conocidas. La reseña comienza con una descripción de los principales componentes de los programas actuales y pasa a relatar qué se sabe acerca de métodos eficaces de evaluación y tratamiento. Se analizan varias cuestiones que suelen resultar de interés para los profesionales, en particular los métodos para mejorar la motivación respecto del tratamiento, la evaluación de la peligrosidad y las prácticas culturales adecuadas. También trata del papel de la investigación en la resolución de cuestiones controvertidas y las características de una evaluación rigurosa. Para más información, consulte el sitio web.

Trabajo con  niñas y niños pequeños y sus familias: recomendaciones para los organismos que trabajan en la esfera de la violencia doméstica y los programas de intervención para golpeadores (Abigail Gewirtz y Resma Menakem, Estados Unidos). Este trabajo forma parte de una serie que trata de la forma de movilizar a la comunidad y recabar recursos para programas a fin de prestar asistencia que responda a las necesidades de los niños, las niñas y de las familias afectadas tanto por la violencia doméstica como por la pobreza. Este trabajo en particular trata de la forma de ofrecer apoyo y seguridad a los niños y de mantener la seguridad, autonomía y poder de decisión de las mujeres maltratadas. Para más información consulte el sitio web

El trabajo con varones jóvenes golpeadores: estrategias actuales y nuevas orientaciones (Dean Peacock y Emily Rothman). Este artículo ofrece una reseña general de los programas de intervención para golpeadores juveniles. Señala algunos factores de riesgo sobre la comisión de actos de violencia en una cita que figuran en la bibliografía y reflexiona sobre la utilidad de estas conclusiones, describe las iniciativas para prevenir la reincidencia de los jóvenes que cometen actos de violencia doméstica, expone varias deficiencias inherentes a las intervenciones posteriores a una crisis y detalla los objetivos pendientes en esa esfera. Para más información, consulte el sitio web.

Algo que haría mi padre (Fondo para la Prevención de la Violencia Familiar, Estados Unidos). Se trata de un documental de 15 minutos en el que se relatan las historias personales de tres hombres de distintas culturas que crecieron con padres abusivos y tuvieron que adoptar sus propias decisiones en sus relaciones de pareja y como padres. Si bien se concibió inicialmente para utilizarlo en los centros de visitas supervisadas, se puede usar con buenos resultados durante las intervenciones con golpeadores y grupos de trabajo sobre paternidad, así como en talleres y reuniones comunitarias para reflexionar colectivamente sobre cuestiones relacionadas con la violencia en la familia y la paternidad. Sugiere preguntas que pueden formularse para dirigir la reflexión colectiva. Está acompañado de tres carteles en español e inglés en los que se anima a los padres a reflexionar sobre el legado que dejan a sus hijos mediante imágenes multiculturales atractivas y preguntas que admiten respuestas diversas, como: Eres un modelo de conducta para tus hijos: ¿desearías cambiar algo? Pueden obtenerse copias gratuitas del DVD y de los carteles en el sitio web.

Tratamiento de jóvenes que cometen abusos sexuales (Save the Children, Suecia). Ese informe resume una conferencia celebrada en Madrid del 6 al 8 de abril de 2000 por el Grupo Europeo de la Alianza Internacional Save the Children. Brinda una reseña de las investigaciones y conocimientos relativos a los jóvenes que cometen abusos sexuales, los tratamientos posibles y las dificultades que se presentan. Se centra principalmente en la situación de Dinamarca, España, Islandia, Noruega, Rumania y Suecia. La publicación puede adquirirse en español e inglés en el sitio web.

Maltratadores jóvenes (Anders Nyman, Olof Risberg, Börje Svensson, Suecia). Los autores son psicoterapeutas que trabajan en la clínica para varones del Centro para Niños y Adolescentes en Crisis de Save the Children en Suecia. La obra expone detalladamente las experiencias del trabajo con niños, primero en su condición de víctimas de abusos sexuales y luego como varones jóvenes que cometen abusos. La versión (en inglés) puede adquirirse en el sitio web.

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