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Consecuencias y costos

Existen múltiples consecuencias de la violencia, las cuales tienen efectos intergeneracionales inmediatos y de corto plazo. Las consecuencias y costos de la violencia tienen impactos a nivel individual (para los sobrevivientes, perpetradores y otros afectados por la violencia) así como al interior de la familia, comunidad y la sociedad en general, lo que resulta en  costos a  nivel nacional.

Costos y Consecuencias a nivel individual y comunitario

La violencia contra mujeres y niñas acarrea costos –más allá del sufrimiento no visible y del impacto en su calidad de vida y bienestar- que incluyen aquellos costos que  el sobreviviente y su familia deben asumir a nivel de salud (física o mental), trabajo y finanzas, así como el efecto que ello tiene en los niños. Se agrega a ello una selección de diez causas y factores de riesgo de discapacidad y muerte para mujeres entre las edades de 15 y 44, la violación y violencia doméstica consideradas con una incidencia superior al cáncer, accidentes de tránsito, la guerra y la malaria (Banco Mundial, 1994). Como ejemplos de tales costos y consecuencias tenemos:

  • Lesiones inmediatas como fracturas y hemorragias así como enfermedades físicas de larga duración (por ejemplo, enfermedades gastrointestinales, desórdenes del sistema nerviosos central, dolor crónico);
  • enfermedades mentales como depresión, ansiedad, desórdenes de estrés post traumático, intento de suicidio;
  • problemas sexuales y reproductivos como infecciones por transmisión sexual (incluyendo el VIH) y otras enfermedades crónicas; disfunciones sexuales; embarazos forzados o no deseados y abortos inseguros; riesgos  en la salud materna y la salud fetal (especialmente en casos de abuso durante el embarazo)
  • abuso de sustancias (incluyendo alcohol);
  • habilidades deficientes para el funcionamiento social, aislamiento social y marginación.
  • muerte de mujeres y de sus hijos (producto de negligencia, lesiones, riesgos asociados al embarazo, homicidio, suicidio y /o HIV y asociados al SIDA)
  • pérdida de días laborales, baja productividad y bajos ingresos
  • reducción o pérdida total  de oportunidades educativas, laborales, sociales o de participación política; y
  • desembolsos (a nivel individual, familiar y del presupuesto público) para sufragar servicios médicos, judiciales,  sociales y de protección.
(Heise, et al., 1999; Heise, L. y García-Moreno, C, 2002; Asamblea General de las Naciones Unidas, 2006)

Más allá de las consecuencias directas y a corto plazo, los niños que son testigos de la violencia tienen más probabilidades de presentar problemas emocionales y de conducta, un deficiente desempeño escolar así como están en riesgo de cometer o experimentar violencia en el futuro. Empresarios  y empleadores pueden incurrir en pérdidas financieras debido a las ausencias trabajadores sobrevivientes de la violencia que presentan  secuelas en su  salud que les impiden  trabajar; al encarcelamiento de  perpetradores; y los gastos relacionados a las medidas adicionales de seguridad que puedan necesitarse en el lugar de trabajo.  (Asamblea General, 2006; Walby, 2004; TC-TAT, 2008; Bott et al., 2005)

 

Costos Nacionales para la Reducción de la Pobreza, el Desarrollo y los ODM

La violencia contra las mujeres y niñas afecta adversamente el desarrollo humano, social y económico de un país. Asimismo, dificulta los esfuerzos para reducir la pobreza y tiene consecuencias intergeneracionales. El Equipo de Tareas en Igualdad de Género del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas reconoce que la eliminación de la violencia contra mujeres y niñas es una de las siete prioridades estratégicas necesarias para lograr los  Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

 

OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO (ODM):

ODM 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

ODM 2: Lograr la enseñanza primaria universal

ODM 3: Promover la igualdad entre los sexos géneros y el empoderamiento la autonomía de la mujer

ODM 4: Reducir la mortalidad infantil

ODM 5: Mejorar la salud materna [Meta 2 — Acceso universal a la salud reproductiva]

ODM 6: Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades

ODM 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente [Meta 4 — Mejorar significativamente las condiciones de vida de las personas que viven en barrios de tugurios]

ODM 8: Fomentar  una alianza mundial para el desarrollo

 

La desigualdad y la violencia de género obstaculizan los esfuerzos de los países por reducir la pobreza. Las mujeres y las niñas constituyen la mitad del capital humano disponible para reducir la pobreza y conseguir el desarrollo. Sin embargo, la violencia basada en el género socava sus derechos fundamentales, la estabilidad social y la seguridad, la salud pública, las oportunidades de formación y de empleo de las mujeres, así como el bienestar y las perspectivas de desarrollo de los niños y las comunidades, elementos todos ellos fundamentales para alcanzar los ODM.

La violencia contra las mujeres reduce la productividad y agota los presupuestos públicos. La violencia contra las mujeres supone enormes costes directos e indirectos para las supervivientes, los empleadores y el sector público por lo que se refiere a los gastos en materia de sanidad, policía, servicios jurídicos y otros gastos relacionados, así como en términos de pérdidas salariales y de productividad. Según un estudio efectuado en la India, una mujer pierde, de media, un mínimo de cinco días de trabajo remunerados por cada incidente de violencia a manos de su pareja, mientras que en Uganda, aproximadamente el 9% de los incidentes violentos ocurridos obligaron a las mujeres a perder tiempo de trabajo remunerado equivalente a unos 11 días al año. Se calcula que los costes anuales de la violencia a manos de la pareja ascendieron a 5.800 millones de dólares en los Estados Unidos y 1.160 millones en Canadá. En Australia, la violencia ejercida contra  mujeres y niños comporta un coste estimado de 11.380 millones de dólares anuales. En Fiji, el coste estimado anual fue de 135,8 millones de dólares o el 7% del Producto Interior Bruto en 2002. Sólo la violencia doméstica tiene un coste aproximado de 32.900 millones de dólares en Inglaterra y Gales.

 

Los costes y las consecuencias de la violencia contra las mujeres duran generaciones. Los niños, tanto chicos como chicas, que han presenciado o sufrido violencia basada en el género, tienen más probabilidades de llegar a ser víctimas o maltratadores al crecer. Por ejemplo, diversas encuestas realizadas en Costa Rica, República Checa, Filipinas, Polonia y Suiza revelaron que los chicos que habían visto al padre emplear la violencia contra la madre tenían el triple de probabilidades de usar la violencia contra su pareja en un futuro. Los niños que son testigos de violencia doméstica corren un mayor riesgo de sufrir ansiedad, depresión, baja autoestima y un deficiente rendimiento escolar, entre otros problemas que dañan su bienestar y desarrollo personal. En Nicaragua, el 63% de los hijos de madres que han sufrido abusos tuvieron que repetir un curso escolar y abandonaron los estudios, de media, 4 años antes que otros niños.

 

La violencia sexual priva a las chicas de recibir educación. La violencia escolar limita las oportunidades y los logros educativos de las chicas. En un estudio llevado a cabo en Etiopía, el 23% de las chicas afirmaron haber sido víctimas de agresiones sexuales o violaciones de camino al colegio o al regresar a casa. En Ecuador, las adolescentes que denuncian haber sufrido violencia sexual en la escuela identificaron a maestros como los responsables en el 37% de los casos. En Sudáfrica, el 33% de las violaciones de chicas denunciadas fueron cometidas por un maestro. Muchas chicas se cambiaron de escuela o la abandonaron como consecuencia de las represalias sufridas tras denunciar la violación.

 

La violencia daña la salud reproductiva, la salud materna y la del niño. La violencia basada en el género limita considerablemente la capacidad de las mujeres de ejercer sus derechos reproductivos, con graves consecuencias para la salud sexual y reproductiva. Una de cada cuatro mujeres padece violencia física o sexual durante el embarazo. Esto aumenta la probabilidad de que se produzcan abortos y muertes de neonatos, partos prematuros y de que nazcan niños con poco peso. Entre el 23% y el 53% de las mujeres que sufren abusos físicos a manos de su pareja durante el embarazo reciben patadas o puñetazos en el abdomen. La violencia limita el acceso de las mujeres a la planificación familiar, que puede llegar a reducir la mortalidad materna entre un 20% y un 35% al disminuir la exposición de las mujeres a riesgos de salud relacionados con el embarazo. Las mujeres que son víctimas de la violencia suelen tener más hijos de lo que ellas mismas desearían. Esto no sólo demuestra el poco control que tienen sobre las decisiones que afectan a su vida sexual y reproductiva, sino que también reduce los posibles beneficios demográficos de la salud reproductiva, que, según se calcula, disminuyen la pobreza en un 14%. Existen diversas prácticas lesivas que pueden dañar la salud maternoinfantil. El matrimonio infantil, que da lugar a embarazos precoces y no deseados, plantea riesgos que suponen una amenaza para la vida de las adolescentes: las complicaciones relacionadas con el embarazo son la principal causa de mortalidad de chicas de entre 15 y 19 años en todo el mundo. La mutilación genital femenina o ablación aumenta el riesgo de que se produzcan obstrucciones y complicaciones durante el parto, muertes de neonatos, hemorragias postparto, infecciones y muerte de la madre.


La violencia alimenta la pandemia del VIH /SIDA. La violencia limita la capacidad de la mujer de protegerse frente al VIH, y las mujeres que viven con el VIH o el SIDA a menudo son víctimas de abusos y estigmatización. Las jóvenes corren un riesgo muy alto de sufrir violencia relacionada tanto con el VIH como con el género: representan aproximadamente el 60% del total de 5,5 millones de jóvenes que viven en el mundo con VIH/SIDA. Las mujeres ya tienen entre dos y cuatro veces más probabilidades que los hombres de infectarse con el VIH durante las relaciones sexuales, y este riesgo se ve incrementado por el sexo forzado o las violaciones de que son víctimas y el consiguiente uso limitado del preservativo y los daños físicos derivados. En los Estados Unidos, el 11,8% de las nuevas infecciones de VIH entre mujeres mayores de 20 años registradas el año pasado se atribuyó a la violencia ejercida por la pareja. Diversos estudios realizados en Tanzania, Rwanda y Sudáfrica permiten concluir que las mujeres que han experimentado violencia a manos de su pareja tienen más probabilidades de contraer el VIH que las que no la han sufrido. Hasta el 14,6% de las mujeres del África subsahariana y el sureste asiático afirmaron que, cuando hicieron pública su condición de seropositivas, sufríeron la violencia de su pareja, y el temor a esta violencia constituye una barrera para que una mujer haga pública su condición y acceda a una asistencia adecuada.

 

La vida es peligrosa para las mujeres y niñas que viven en barrios de tugurios. Las mujeres que viven en zonas urbanas pobres corren un elevado riesgo de sufrir violencia física y psicológica, y tienen el doble de posibilidades que los hombres de ser víctimas de la violencia, sobre todo en los países en desarrollo. En São Paulo (Brasil), una mujer es atacada cada 15 segundos.

 

Las estadísticas abajo señaladas han sido extraídas de Los datos: Acabar con la violencia contra Mujeres y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (recopilación de UNIFEM, 2010). Disponible en Español, Francés e Inglés.

Otros estudios revelan que:

  • En Chile,  las pérdidas económicas de las mujeres como resultado de la violencia doméstica cuestan US$1.56 billones o más que el 2 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) en 1996, y en Nicaragua llegan a  US$29.5 millones o 1.6 por ciento del PBI nacional en 1997. (Morrison y  Orlando, 1999)
  • En Guatemala, los costos de la violencia ascendió al equivalente de 7,3% del PIB.
  • En Uganda, el costo anual por tratamiento hospitalario de mujeres por lesiones asociadas a la violencia dentro de la pareja  es US$1.2 millón. (Centro Internacional de Investigación sobre Mujeres -ICRW, 2009)
  • En Moroco, la violencia dentro de la pareja cuesta anualmente al sistema de justicia US$6.7 millones. (ICRW, 2009)
  • En Nueva Zelanda, la violencia contra mujeres y niñas cuesta anualmente por lo menos  1.2 billones de dólares neozelandeses (Snively, 1994)
  • En Macedonia la violencia doméstica cuesta anualmente US$1.38 millones (como ocurrió en 2006). (Gancheva, et. al., 2006)
  • A lo largo de Europa, el costo anual de la violencia de pareja oscila  entre €106 millones en Finlandia, (Heiskanen, et. al., 2001 citado en Hagemann-White, C., et al. 2006) US$142.2 millones en los Países Bajos, (Korf, et. al., 1997, citado en Waters, et. al., 2004) US$290 millones en Suiza, (Yodanis y Godenzi, 1999 citado en Duvvury, et. al., 2004) y los US$19.81 billones en Suecia. (Enval y Erikssen, 2004)

Puede ver los referencias aquí


Recursos adicionales:

Social and Economic Costs of Violence against Women: the Value of Prevention (Institute of Medecine, 2011). Los materiales del taller y el informe están disponibles en Inglés.

Los altos costos de la violencia de pareja para los Hogares y Comunidades. (ICRW  y  UNFPA, 2009).  Disponible en Inglés.

Combatiendo la violencia basada en género: las claves para alcanzar los ODM. (UNIFEM/UNFPA/OSAGI, 2005). Disponible en Inglés y Francés.

Haciendo que los ODM  alcancen a todos: Aproximaciones a los ODM basados en derechos sensibles al género. (UNIFEM, 2008). Disponible en Inglés.

El tratamiento de la violencia contra las mujeres y el logro de los Objetivos del Milenio (WHO, 2005).  Disponible en Inglés.

Estimación de los costos e impactos de la violencia dentro de relaciones íntimas en países de desarrollo. Una guía de recursos metodológicos. (ICRW, 2009). Disponible en Inglés.

Los costos e impactos de la violencia basada en género en países en desarrollo: Estudio metodológico y Nuevos Hallazgos (Banco Mundial, 2004). Disponible en Inglés.

Las dimensiones económicas de la violencia interpersonal. (WHO, 2004). Disponible en Inglés.