ESCAPE RAPIDO DE SITIO

Asegurara la sensibilidad al género

  • Para trabajar eficazmente en la eliminación de la violencia contra las mujeres y niñas, es especialmente importante volverse familiar con, y adquirir una capacidad de respuesta adecuada a una dinámica de género específica y a puntos socioculturales de referencia que prescriben los roles de hombres y mujeres en una sociedad determinada. Se requiere una investigación y análisis socio cultural para entender cuáles son las normas y expectativas que se tienen para hombres y mujeres en un contexto dado y cómo pueden ellas afectar al programa, de modo que las intervenciones puedan diseñarse de acuerdo a ello. También es importante evaluar cómo las intervenciones interactúan e influyen en las actitudes y conductas de los grupos escogidos y la comunidad circundante, a fin de asegurar que los estereotipos negativos de género y la discriminación contra las mujeres y niñas no sean reforzadas por el propio programa.
  • También es importante entender cómo las inequidades de género se presentan de modo más grave en  ciertos grupos de mujeres y niñas (debido a su edad, etnicidad, nacionalidad de origen, ocupación u otras características) a fin de  identificar las barreras  que enfrentan estos grupos para acceder a los servicios y también para desarrollar estrategias que permitan superar dichos obstáculos.
  • La capacidad (conocimientos, habilidades y actitudes) del personal que trabaja en  los diferentes sectores del gobierno y de los proveedores de servicios debe ser desarrollada en cuanto al género para que puedan tratar de modo eficaz las necesidades de los sobrevivientes y tomar iniciativas de prevención.
  • Un enfoque sensible al género también requiere del empoderamiento de las mujeres y de asegurar que conocen sus derechos, para que puedan aprovechar por si mismas de aquellos los servicios y recursos a los que tienen derecho.
  • Cuando los programas trabajan con hombres y niños deben explícitamente tratar las actitudes de género y promover nociones alternativas de masculinidad. Se ha demostrado que tales programas son más efectivos para cambiar actitudes y conductas relacionadas a la violencia contra las mujeres que aquellos programas donde no se ha incorporado componentes de género ni masculinidades. (WHO, 2007)