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Salud

  • Investigaciones a nivel mundial han demostrado que las mujeres que viven en la violencia sufren de una amplia variedad de graves problemas en su salud física y mental, y que visitan los servicios de salud más frecuentemente que aquellas  mujeres que no han sufrido abuso. La violencia física y sexual está asociada a  consecuencias negativas para las mujeres, niños, sus familias y las comunidades enteras.(WHO 2006)
  • Los servicios de salud brindan una única puerta abierta a oportunidades de tratar las necesidades de mujeres abusadas, siendo  esenciales para  la prevención y respuesta ante la violencia contra mujeres y niñas, debido a que la mayoría de mujeres toman contacto con el sistema de salud en algún punto de sus vidas.  (PREM) El sector de salud constituye frecuentemente el primer punto de contacto con cualquier sistema formal para las mujeres que experimentan abuso, sea que  evidencien el abuso o no. Por ello, cada visita médica constituye una oportunidad para aliviar los efectos de la violencia así como para ayudar a prevenir futuros incidentes.
Estrategias
  • La respuestas en el servicio de salud requieren de un enfoque de sistemas amplios  que incluya el fortalecimiento de políticas y protocolos;  mejoramiento de la infraestructura para asegurar la privacidad y adecuados suministros; personal capacitado para preguntar  y responder adecuadamente a la violencia basada en el género; brindar apoyo emocional, tratamiento médico de emergencia gratuito y cuidado preventivo de la salud, así como intervenciones ante crisis; evaluación del nivel de riesgo o peligro en una mujer; documentación de casos; tratar con actitudes y prácticas estigmatizantes; y uso de redes para la derivación. (Heise et al, 1999)
  • Leyes, políticas y protocolos avanzados para brindar cuidados integrales en la salud (incluyendo la salud sexual y reproductiva, servicios relacionados al VIH  tales como someterse a pruebas voluntarias e instalaciones para consejería y como parte de los cuidados primarios) y para mejorar la calidad y cobertura de los servicios disponibles para  mujeres y niñas sobrevivientes de la violencia.
  • Inversiones en equipo como complemento de los esfuerzos para aumentar el acceso de los sobrevivientes a servicios actualizados (e.g. recursos tales como habitaciones privadas, transporte gratis, equipos para exámenes forenses y para otros exámenes, suministros médicos, kits para violación y tratamiento de emergencia –contraconcepción de emergencia, profilaxis posterior a la exposición para infecciones de transmisión sexual y VIH, así como aborto seguro en lugares donde ello sea legal) sumada a la estrategia de dirigir las contrataciones hacia    proveedores de servicios que sean capacitados y calificados.
  • Fortalecer una respuesta de calidad, a través de unidades de atención centralizada, servicios incorporados dentro de una instalación o a través de la derivación coordinada a otras instalaciones de salud.
  • Establecer sistemas de información estandarizada en el sector salud, a lo largo de las instalaciones para registrar y monitorear casos, así como para recolectar y analizar información. Como mínimo deben ser documentados  la forma de abuso y sus consecuencias, junto a la edad de la mujer, entre otras características demográficas. (Morrison, et. al, 2004)
  • Institucionalizar la capacitación en los proveedores de salud (en general y para servicios especializados) así como  protocolos para asegurar calidad de cuidados estandarizados.
  • Incrementar la disponibilidad y accesibilidad de exámenes forenses o médico legales, por ejemplo, aumentando el personal (e.g autorizando y capacitando a profesionales de enfermería) que pueda realizar estos exámenes y  entregando  certificados médicos sin costo alguno.
  • Mejorar los sistemas de monitoreo y evaluación para asegurar que los servicios de cuidado de la salud sean de calidad,  a través de mecanismos participativos y sistemáticos, involucrando a mujeres y niñas usuarias así como a grupos de la comunidad.
  • Los centros de salud y la educación en salud pública de base comunitaria (incluyendo VIH y SIDA  e intervenciones en la salud sexual y reproductiva de adolescentes) deben incorporar dentro de su programación  la violencia contra las mujeres, brindando información general sobre le tema, sensibilizando en cuanto los derechos legales y la disponibilidad de servicios. El uso de enfoques de multimedia (e.g. sketchs, videos, canciones, panfletos, presentaciones, discusiones de grupo y talleres) es una estrategia útil para educar a la comunidad, especialmente a mujeres y niñas, sobre los servicios disponibles y los esfuerzos existentes para poner fin a  la violencia contra ellas.
  • La información sobre violencia contra mujeres y niñas debe ser regularmente recolectada y estandarizada en sistemas de información como parte de un enfoque institucional de salud pública para tratar la violencia contra las mujeres (Morrison, et. al, 2004)
  • Deben realizarse investigaciones para entender los factores que influyen en el acceso a los servicios de niñas adolescentes que han experimentado abuso sexual, tales como los costos, actitudes negativas o prejuiciosas de los proveedores de salud, el estigma de la familia y amigos, entre otros factores, a fin de que las estrategias adecuadas para la acción y mejoras en la provisión de servicios demandados puedan ser identificadas por este grupo etario.
  • En situaciones relacionadas al conflicto, los proveedores debe seguir el Paquete de servicio mínimo inicial para salud reproductiva en situaciones de crisis, el cual establece recomendaciones para la prevención y ayuda en casos de violencia sexual en situaciones de crisis.
Lecciones aprendidas:
  • Es típico que los proveedores de salud sean renuentes a preguntar a las mujeres sobre sus experiencias de violencia –sea por miedo a ofenderlas o por renuencia a abrirse a  temas respecto a los que pueden no saber qué responder. Los  proveedores frecuentemente sienten que no tienen los conocimientos o aptitudes  para tratar la violencia contra las mujeres. Puede que no reconozcan  a la violencia contra mujeres y niñas como un problema de salud pública o  puede que no perciban su rol de preguntar a los usuarios  sobre la violencia o  de brindar  apoyo a las víctimas.  Por ello, puede que raras veces identifiquen en los historiales médicos a la violencia como la razón para las visitas de los usuarios. (Violencia contra las Mujeres: Respuestas del Sector Salud preparado por el Grupo de Género y Desarrollo, Red para la Reducción de la pobreza  y la Gestión Económica, Banco Mundial, 2006)
  • Las creencias de los proveedores de los servicios de salud respecto a la violencia basada en el género pueden también afectar el acceso de las mujeres a una  atención positiva. El estigma y la discriminación que puede existir en la comunidad  hacia las víctimas de la violencia basada en el género puede reflejarse  en las propias actitudes y calidad de respuestas de los proveedores del servicio de salud. (i.e. si ellos consideran que el tema es un asunto privado, ellos no deben intervenir)
  • Pueden existir también serios vacíos  en la respuesta institucional dada  en conjunto ante la violencia basada en el género. Tanto la entrega del servicio como  la atención  frecuentemente son fragmentadas e inconstantes a lo largo de todo el sector salud, especialmente ante la ausencia de claros protocolos que guíen a los profesionales.
  • Las víctimas de violencia sexual y violación enfrentan particulares preocupaciones y dificultades cuando se relacionan con  el sistema de atención de la salud. Los proveedores y consejeros del cuidado de la salud pueden sentirse inseguros respecto a cómo manejar  los casos de violencia sexual así como respecto a los protocolos que  deben seguir, incluyendo, por ejemplo, cuidados adecuados,  derivación para el tratamiento y consejería sobre  VIH y SIDA, distribución de contraconcepción de emergencia, y la documentación de pruebas para los procesos judiciales.
  • La capacitación de los proveedores de cuidados en la salud debería ser parte de intervenciones más amplias que incluyan la capacitación previa al servicio y durante el desempeño de labores. Las reformas deben incluir protocolos sobre la entrega del servicio, sistemas de derivación, el marco legal y otros temas relevantes tales como  desarrollo profesional en las áreas de respuesta médica, psicosocial y forense. Las sesiones únicas de capacitación no preparan adecuadamente a los proveedores para abordar  el tema.
  • Los prejuicios de género y las actitudes de los proveedores deben ser explícitamente tratadas durante los programas de capacitación a fin de prevenir la revictimización o el trauma adicional a los sobrevivientes.
  • Las competencias de los proveedores deben ser determinadas en base a estándares de buenas prácticas, la ley y los protocolos establecidos. Por ejemplo, aquellos proveedores que realizan despistajes o pruebas de detección  de rutina y consejería para sobrevivientes necesitan tener un grupo de habilidades bien diferenciado de los proveedores dedicados únicamente a realizar despistajes de violencia y que brindan derivaciones a los consejeros.
  • Los proveedores de servicios deben tener capacidades para responder ante las  múltiples formas y diversas poblaciones afectadas por la violencia (e.g. violencia sexual contra niñas adolescentes, o trabajadoras domésticas indocumentadas, o sobrevivientes con múltiples experiencias de abuso) y brindar apoyo a los sobrevivientes, ajustándolo a lo que ellas necesitan.
  • Las intervenciones deben ser diseñadas para enfocarse en proveedores de la salud que ayudan  a diferentes grupos de mujeres  (e.g. madres adolescentes, mujeres casadas y embarazadas, trabajadoras sexuales, empleadas de grandes compañías, mujeres migrantes, mujeres y niñas desplazadas)
  • Los sobrevivientes de la violencia deben tener acceso a tratamiento médico sin tener que primero acudir a la policía. Ir a la policía debe siempre ser una decisión voluntaria de la mujer.
  • La obligación de los proveedores de informar a la  policía o a los tribunales sobre la violencia que identifican, aunque es exigida en algunos sistemas legales, no es recomendable porque viola la autonomía, la toma de decisiones y los derechos humanos de las mujeres. Se ha demostrado que tal obligación de informar impide o evita que las mujeres busquen ayuda y reduce la voluntad del proveedor de salud de realizar el despistaje, debido a su potencial involucramiento en procedimientos legales.
  • Los despistajes de rutina respecto a la violencia no deben ser implementados  sin contar con adecuados servicios de  seguimiento y sistemas de derivación para la protección, asistencia policial y legal en funcionamiento.
  • Las pruebas médico legales o  forenses no deben exigidas  en los procedimientos legales de casos de violencia. Sin embargo, los médicos y enfermeras debe estar capacitados en medicina legal a fin de mejorar su respuesta hacia los sobrevivientes  y para que estas pruebas estén disponibles si un sobreviviente decide hacer uso de recursos legales. (Morrison, et al., 2007)  Los certificados médicos deben ser entregados sin costo alguno.
  • Los servicios de cuidado de la salud para sobrevivientes/víctimas de la violencia deben ser gratuitos y universales.
  • Frecuentemente han sido poco atendidas  las interrelaciones existentes entre  la violencia contra las mujeres y niñas, y el  VIH, lo cual exige una mayor atención. En particular, la consejería debería realizarse con cuidados adicionales para evaluar los  riesgos de una intensificación de violencia en casos de mujeres con HIV positivo y que se encuentran sufriendo situaciones de abuso.
  • Las unidades de atención centralizada brindan un modelo de servicios integrados y mejorados cuando cuentan con los recursos y el personal adecuados; pero pueden ser costosos para ser implementados y mantenidos, y pueden ser una estrategia más conveniente para centros urbanos o áreas con alta densidad poblacional.
Para obtener instrucciones detalladas sobre cómo trabajar a través del sector salud, consulte el módulo completo en este sitio.

Recursos:

Responding to Intimate Partner Violence and Sexual Violence Against Women WHO Clinical and Policy Guidelines (WHO, 2013).  Disponible en Inglés

Informe Final – Revisión del Proyecto PAHO: Hacia un modelo integrado de cuidados ante la Violencia Familiar en América Central (Ellsberg y  Arcas/PAHO, 2001).  Disponible en Inglés.

Mejoras en la Respuesta del Sector Salud a la Violencia basada en el Género: Manual de Recursos para Profesionales del cuidado de la salud en Países en Desarrollo (Bott, Claramunt, Guedes y Guezmes/IPPF, 2004). Disponible en Inglés y  Español.

¡Basta! El sector Salud aborda la Violencia basada en el Género, y ¡Basta! Las Mujeres dicen No a la violencia (IPPF/WHR, 2003).  Disponible en Español con subtítulos en Inglés.

¡Ver y Atender! Guía Práctica para Conocer cómo funcionan los Servicios de Salud para Mujeres Víctimas y Sobrevivientes de Violencia Sexual (Troncoso, Billings, Ortiz y Suárez/Ipas, 2006). Disponible en Español.

Integrando programas y servicios de VIH  y violencia contra las mujeres (Luciano/Development Connections, 2009).  Disponible en  Inglés y Español.

Tratamiento de la Violencia basada en el Género a través de los Programas de Salud de USAID: Guía para funcionarios de programas del sector salud (Guedes/USAID, 2008).  Disponible en Inglés, Francés y Español.

Un enfoque práctico de Violencia basada en el Género: Guía programática para proveedores y encargados se servicios de salud (UNFPA, 2001). Disponible en  Inglés, Francés y Español.

La violencia contra las Mujeres: responde el sector de la salud (PAHO, 2003).  Disponible en  Inglés y Español.

Directrices para la Atención Médico Legal de víctimas de violencia sexual (OMS, 2003). Disponible en Inglés.

Directrices para la Consejería sobre Violencia Doméstica (CIDA/SAT, 2001). Disponible en Inglés.

 Addressing Violence against Women and Girls in Sexual and Reproductive Health Services (UNFPA, 2010).  Disponible en Inglés

Módulos de Capacitación sobre la Violencia basada en el Género: Una colección y revisión de los materiales existentes para la capacitación de los trabajadores del sector salud (Murphy, Mahoney, Ellsberg y  Newman /Capacity Project, 2006).  Disponible en  Inglés.

Recursos para Reducir el  estigma hacia el VIH y la violencia basada en el género.  Disponible en  Inglés.

Cómo comprender y desafiar el estigma hacia el VIH: Manual de Herramientas para la Acción. Edición revisada (Centro Internacional de Investigación sobre las Mujeres, 2007).  Disponible en Inglés.

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