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¿Por qué son importantes el monitoreo y la evaluación?

El monitoreo y la evaluación son fundamentales para construir una base global fuerte de evidencia en todo lo relacionado con la violencia contra la mujer, y para evaluar la amplia y diversa gama de intervenciones que se implementan para abordarla. A nivel global, es una herramienta para identificar y documentar programas y enfoques exitosos y hacer seguimiento de su progreso hacia la obtención de indicadores comunes de proyectos relacionados. El monitoreo y la evaluación forman las bases para fortalecer la comprensión de los muchos factores de niveles múltiples que yacen detrás de la violencia contra la mujer, las experiencias de las mujeres con respecto a esa violencia, y la eficacia de la respuesta a nivel del proveedor de servicios, la comunidad, nacional o internacional.

Esto es sumamente importante porque mientras que la evidencia global de la proporción de mujeres que han sufrido varias formas de abuso es fuerte, la evidencia de cuáles son las estrategias eficaces para prevenir dicha violencia, y ofrecer apoyo adecuado a las víctimas y sobrevivientes, es aún débil. Esto es especialmente relevante en áreas de pocos recursos, donde es necesario tomar decisiones difíciles con respecto a las prioridades de financiación.

A nivel de programa, el propósito del monitoreo y la evaluación hacer seguimiento  sistemático a la implementación y los productos, y medir la eficacia de los programas. Ayuda a determinar exactamente cuándo un programa está bien encaminado y cuándo es necesario introducir cambios. El monitoreo y la evaluación forman la base para modificar las intervenciones y determinar la calidad de las actividades que se realizan.

El monitoreo y la evaluación pueden servir para demostrar que los esfuerzos del programa han tenido un impacto mensurable en los resultados esperados que han sido implementados eficazmente. Es esencial para ayudar a los administradores, planificadores, implementadores, formuladores de políticas y donantes a adquirir la información y el conocimiento que necesitan para tomar decisiones sobre las operaciones programáticas.

El monitoreo y la evaluación ayudan a identificar cuál es el uso más útil y eficiente de los recursos. Es fundamental para llegar a conclusiones objetivas con respecto a cuán “exitosos” pueden considerarse los programas. El monitoreo y la evaluación proporcionan los datos necesarios para realizar la planificación estratégica, para diseñar e implementar programas y proyectos, y optimizar la asignación o reasignación de recursos.

Para las iniciativas que abordan la violencia contra la mujer, el monitoreo y la evaluación son más que un ejercicio de cálculo de costos o costo-eficacia. Son  una forma de asegurar que las mujeres y las niñas vivan una vida libre de violencia y abuso.

¿Qué podemos aprender en general del monitoreo y la evaluación de iniciativas para erradicar la violencia contra la mujer?

¿Qué intervenciones y estrategias son efectivas para prevenir y responder ante la violencia contra mujeres y niñas?

¿Qué hace que algunas mujeres corran más riesgo que otras?

¿Qué servicios se necesitan para ayudar a las mujeres y a las niñas a recuperarse de la violencia?

¿Cuál podría ser el rol de los diferentes sectores para abordar la violencia y prevenirla?

¿Qué otros factores (sociales, económicos, políticos, culturales, etc.) inciden en perpetuar la vulnerabilidad ante la violencia o impedir el acceso a los servicios?

¿Cuáles son las inversiones que tienen los resultados más promisorios/ cuánto cuestan?

 

¿Qué podemos aprender sobre ciertas intervenciones a través de su monitoreo?

¿Las actividades propuestas se están llevando a cabo  en la forma que se plantearon? ¿Por qué/ por qué no?

¿Qué servicios se ofrecen, a quienes, cuándo, con qué frecuencia, por cuánto tiempo, en qué contexto?

¿Los servicios son asequibles? ¿La calidad es adecuada?  ¿Se llega a la población meta?

¿Las mujeres sufren más violencia o están más expuestas como resultado de la intervención?

¿Ha habido alguna consecuencia imprevista como resultado de las actividades?

¿Las actividades conducen a los resultados esperados?

¿Las intervenciones o los supuestos necesitan ser modificados?

¿Qué podemos aprender sobre ciertas intervenciones a través de su evaluación?

¿Qué resultados se observaron?

¿La intervención está produciendo cambios?

Si la respuesta es sí: ¿Qué cambio está produciendo la intervención? ¿Cómo lo está produciendo y para quién?

¿En qué medida la intervención es responsable de los cambios observados?

¿Qué consecuencias imprevistas, si las hubo, fueron resultado de la intervención?

¿Qué preguntas importantes puede ayudar a responder una evaluación?

¿La intervención es viable y aceptable?

¿Tuvo algún impacto?

¿Por qué, o por qué no? ¿Cómo y para quién tuvo algún impacto?

¿Los resultados son creíbles?

¿Es asequible y eficaz en función al costo?

¿El costo puede ser comparado con alternativas de inversión?

¿Se puede replicar en otras circunstancias?

¿Dónde se puede replicar? ¿Dónde no se puede replicar?

¿Es posible generalizar los resultados?

¿Se puede ampliar? Es decir: ¿Se puede adaptar o replicar la intervención, o añadírsele elementos para aumentar su alcance (para una población mayor u otra región)?

En caso afirmativo: ¿Cómo puede ampliarse? ¿Qué aspectos pueden ampliarse?


¿Cuáles son algunos de los desafíos del monitoreo y la evaluación de las intervenciones sobre la violencia contra la mujer?

Existe una falta de indicadores e instrumentos comparables, especialmente de la prevalencia de las formas de violencia. Por lo tanto es difícil hacer comparaciones entre regiones.

Muchos estudios miden los procesos y los resultados pero no el impacto. Muchos también miden los cambios a nivel individual pero no a nivel de la comunidad.

Diferentes tipos de intervenciones (reformas políticas y legales, fortalecimiento de servicios de salud, seguridad y apoyo, movilización comunitaria, campañas de concienciación), y diferentes contextos requieren diferentes herramientas y métodos de evaluación.

Es difícil determinar las contribuciones específicas de las estrategias sobre un resultado o impacto observado, especialmente en las intervenciones complejas, multisectoriales o integrales.

En ciertas intervenciones es difícil definir qué es el éxito o cómo es.

Con frecuencia no se utilizan métodos estadísticos rigurosos.

Los planes de monitoreo y evaluación a menudo carecen de un marco conceptual claro y adecuado.

La interpretación de datos a menudo representa un desafío y requiere mucha destreza o que lo haga un experto.

Con frecuencia no se asignan suficientes recursos para el monitoreo y la evaluación que pueden representar entre el 10 y el 40 por ciento del presupuesto total, dependiendo de las metas y objetivos del programa, el alcance y tipo de intervención, y las actividades.

Ciertos métodos de evaluación que se usan comúnmente para determinar el impacto de las intervenciones pueden faltar a la ética en el contexto de violencia contra la mujer.


Ética y conducta: en todas las intervenciones y en todos los esfuerzos para supervisar y evaluar la situación de violencia contra la mujer, se debe dar prioridad absoluta a la protección de los derechos humanos y a la seguridad de las mujeres y las niñas.

La iniciativa de acción e investigación de la Asociación para los derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID) para desarrollar principios y herramientas para el monitoreo y la evaluación de programas para los derechos de las mujeres y equidad de género, publicó un ensayo preliminar: Captando el cambio en las realidades de las mujeres: Los retos de monitorear y evaluar nuestro trabajo (2009). Se puede ver un resumen de los rasgos más importantes de los desafíos mencionados en el ensayo.